jueves, 24 de septiembre de 2009

El "impacto" de la separación en los niños

Hoy en día, la separación es una realidad que forma parte de la vida cotidiana. Más de la mitad de las parejas se separan. Muchas de ellas después de haber tenido hijos. La pareja no sólo se enfrenta al fracaso de su relación sino a las repercusiones que pueda tener esta ruptura en sus hijos. Cuando decidimos tener hijos estamos firmando un "compromiso" que durará toda la vida. Este compromiso se mantiene con independencia de la relación amorosa y esto conlleva a que queramos o no siempre va a existir un vínculo entre los padres. Es su obligación lograr que la nueva situación familiar sea un espacio eficaz y positivo para continuar con su labor educativa: educar a personas felices y buenos ciudadanos.

Madrid | Septiembre 2009 | Jorge Reyes



Espejo roto La separación es un momento duro para cualquiera. Los miembros de la pareja pasan por una etapa de “duelo”. En ella se mezclan muchas emociones: tristeza por la pareja perdida; ansiedad por enfrentarse a una “nueva vida”; enfado si ha habido terceras personas… A todo esto se une la preocupación por los hijos: “¿Cómo se lo van a tomar?”, “¿Cómo les va a perjudicar?”, “¿Les dejará secuelas?”…Hay mucha información a este respecto y no toda ella es veraz.

Cualquier separación supone una pérdida para el niño. Verá menos a uno de los padres; tal vez tenga que cambiar de casa, de colegio… Desde el plano práctico hay muchos cambios. Pero también desde el plano psicológico. La familia, como fuente de seguridad y refugio, puede dejar de serlo si los padres “manejan mal” esta situación. Por ello, uno de los objetivos de los padres debe ser que el niño no pierda esta visión, que no deje de ver a la familia como algo que le da seguridad.

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